"CENTRO DE ARTE DE LA AAA

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NUESTROS ARTISTAS:JULIO ESCRIBANO(fotografía de nuestra sede)

lunes, 11 de julio de 2011

A LA BÚSQUEDA DEL TEXTO PERDIDO

 Con el antiguo blog de la Asociación se fueron por la papelera de reciclaje una serie de textos, que pretendo ir recuperando en la medida que los vaya encontrando en mis archivos. Ya lo vengo haciendo desde hace poco tiempo y lo hare aún más este verano en el que las noticias de actualidad decrecen con las vacaciones y sin embargo hay más tiempo para leer.
   Para empezar inserto el texto que dediqué a nuestro querido Presidente JUAN TONIO POBLADOR,  artífice,  de la nueva Asociación que surgió a raíz de la formación del tándem que entre él y yo acordamos para hacernos con el mando (de forma democrática)  porque la  veíamos en riesgo inminente de desaparición.
   El texto corresponde al MIRAR UN CUADRO que le dediqué y que no está recogido en el libro que con otros comparecientes edité. Lo haré así con todos los que con posterioridad a la edición del libro pasaron por ese taller.
               MIRAR UN CUADRO: JUAN  ATONIO POBLADOR
              OBRA:”RINCON DE LA VIEJA FABRICA”
<POBLADOR Y CARLOS

<EL CUADRO>


   Nuestro querido Presidente, se venia escapando del trago agridulce de su paso por este Taller. Se lo había propuesto muchas veces, pero siempre me remitía a las calendas griegas. Es decir a un futuro que nunca llegaba. Sin embargo y por fin, aquí esta dispuesto a la exposición pública de su Arte, cosa nada novedosa para quien, como él, ha expuesto en todo sitio y lugar infinidad de veces y con éxito notable. Pero, a juzgar por mi experiencia, impone mas el someterse al enjuiciamiento más o menos benevolente de tus compañeros, que como expertos, van a diseccionar  tu obra, y el  dejarse retratar por este presentador, que va a tratar de sacar a la luz pública todo lo que pueda y sepa, de su personalidad como artista, de sus vivencias como persona y de sus principales rasgos sicológicos y humanos. Espero que  su retrato resulte convincente y real en lo artístico, entrañable en lo humano, y hasta cierto punto, fiel en el parecido, aunque como es norma de esta casa y para todos mis invitados que por aquí han pasado, le de alguna pincelada que otra de photoshop, para que “el cliente” quede contento, como suelen hacer los retratistas de éxito y el ¡HOLA! y su pase a la historia, en este caso escrita, quede discretamente adornada y al gusto del personaje.
   Juan Antonio es, como se decía en algún famoso concurso televisivo de antaño, natural de Madrid y residente en Alicante. Aquí vive y puedo asegurar que bien, desde hace más de veinticinco años.
   Tiene una mujer de origen castellano, (Conchita), soriana por más señas, que es la personalización  de la discreción y de  la elegancia del saber estar y comportarse en su trato con los demás; una hija (Cristina) y un nieto, al que como abuelo saca de vez en cuando a pasear.
    Tiene la edad que representa, y a veces, sobre todo en los que saben cuidar su imagen, las apariencias engañan. Solo diré y con eso no engaño  a nadie  ni soy indiscreto, que biológicamente tiene más pasado que futuro, a no ser que viviera  tanto como Matusalén.
   De ese pasado sabemos que en su adolescencia y juventud le gustaba más los trabajos de musculación que los de la mente. Con esto solo quiero decir,  (no seamos mal pensados), que le gustaban mas los deportes que el estudio, pero necesidad obliga y  tuvo que pasar por el aro de hacer una carrera.
  Como se le daba bien el dibujo y tenía a su padre como ejemplo, se decantó por emular  a su progenitor y por eso estudió Arquitectura Técnica.  (Aparejador para entendernos) Estudios que redondeó con los de Decoración  en la Escuela de Artes y Oficios. Mientras tanto, pasó de gustarle dibujar  a gustarle pintar y como también le gustaba tener dinero propio de bolsillo, para lograrlo y no gravar a sus padres, en sus ratos libres se dedicaba a hacer copias al óleo de cuadros celebres: bodegones, paisajes y cacerías inglesas con perros y caballos. Copias que lograba endosar a familiares, a amigos de sus padres, tiendas de decoración y hasta a los chamarileros del Rastro madrileño, para que estos a su vez se las endosaran a los inexpertos buscadores de gangas antiguas recién pintadas.
   Deportista y con dinero fresco para presumir entre los amigos y hasta para pagarse algunos de los libros de su carrera, solo le faltaba la guinda de encontrar el amor. Y ¿dónde era lógico que lo encontrara? Pues en alguno de esos lugares públicos, que en los sesenta eran lugar de encuentro entre los musculitos y las chicas de buen ver: en su caso la popular Piscina Vallehermoso.
    Haciendo un largo a lo Tarzan, para impresionar a las “niñas bien de su barrio de Arguelles, que solían acudir a esa piscina, le dio una soberana patada natatoria  a una de ellas. Y tantas fueron sus escusas  y  buenas maneras para disculparse, en las que Juan Antonio es un portento  cuando se propone lograr algo, que dos años después de aquella inocente patada, se llevo al Altar a la pateada, que en vez de considerarse objeto de malos tratos, se consideró la Jane de tan apuesto Tarzan y le disculpó de la “metedura de pata” con tanta elegancia y benevolencia por el fallo (ella es así) que lo dejó  obnubilado y listo para pasar  “a mejor vida”: la de un matrimonio que lleva “toda una vida”  juntos en lo bueno y en lo malo y que  seguramente no les importaría vivir otra “junto a ti..” como dice el bolero.
    El decir de alguien que es acuarelista, identifica en el mundo de la pintura. Del pintor que utiliza como medio el óleo nadie dice que es un “oleicista”; del que utiliza el acrílico no se dice que es “acrilista”. Simplemente se le designa como pintor. Y en contra de lo que se pudiera pensar, hoy, el calificativo de acuarelista no es sinónimo de un Arte pictórico menor que antaño entretenía el ocio de las nobles damas inglesas, si no de alguien que practica una técnica artística de lo más difícil y en la que saber dibujar es condición  “sine quanum”.
   Pues bien, a Juan Antonio lo podemos calificar con todo merecimiento, como acuarelista. Pero en pintura, Juan Antonio era algo más antes de decantarse  por la acuarela, para evitar  los olores de la trementina en su casa.
 Aunque ya lo dije al presentarlo en la clase magistral que nos dio hace ahora un par de años en la Asociación, lo repito para aquellos que no estuvieron: “Juan Antonio es uno de los acuarelistas con más oficio de todos los que yo conozco”. Quizá exageré un poco por aquello del “peloteo al Jefe”, pero solo un poco, pues sigo opinando casi lo mismo.  Tener  oficio significa saber resolver sin titubear los problemas técnicos que se presentan  en la realización de un cuadro (sea con la técnica que sea) y que el producto final sea  de alta calidad. Y en eso, Juan Antonio es un maestro, especialmente cuando improvisa el tema sobre la marcha y sin modelo. Entonces, hasta los errores imprevistos que el agua desbordada origina sobre el papel, los transforma por arte de su Arte, en aciertos intuitivos a los que les confiere la gracia de los espontaneo. Y lo que era un manchurrón, se convierte en una montaña, una masa arbórea o en un caserío. A eso le llamo yo, tener recursos, es decir, oficio.
   Pues bien de ese oficio nace la rapidez en la ejecución, que si siempre es buena para la frescura de un cuadro, sea de la técnica que sea, en la acuarela se impone. El agua hay que canalizarla y llevarla por donde uno quiere, para que no se desborde. En eso, Poblador, es como esos agricultores de mi tierra murciana, que regando a manta, corrían  azada en mano, a uno y otro lado del bancal para que el agua no se les saliera de su parcela. Juan Antonio lo hace con el pincel o el secador para llevarla al lugar del  cuadro que le interesa, con la misma técnica, oficio y rapidez con la que mis paisanos regaban sus bancales.
   Con ese bagaje técnico, Poblador, ejecuta obras de gran calidad artística y comercial  con rapidez inusitada. En mi jardín, en Gabriel Miró o como ya lo demostró en su Clase Magistral en esta sede, en un par de horas se hace  dos  o tres acuarelas y hasta las enmarca. Ese nivel de trabajo solo está al alcance de unos pocos privilegiados, entre los que se cuentan esos artistas del espray que en La Explanada hacen las delicias de los mirones, pintando un cuadro en poco más de diez minutos. Poblador no llega a tanto porque él hace Arte reflexionando, intuyendo o  improvisando sobre la marcha,  y por tanto no ensayado como quizás lo hacen aquellos.  Y añadiré, que aquellos, no son unos cualquiera, pues la mayoría son aventajados alumnos de Bellas Artes, que como Juan Antonio, se ayudan así a pagar los gastos de sus carreras y a tener dinero de bolsillo.
   Pero, me pregunto: ¿se puede calificar de artista al que solo posee oficio? La respuesta es, ¡no! El Arte se da, cuando el  producto artesano trasciende de lo material y por el influjo espiritual del artesano-artista, se convierte en algo sublime que impacta en los sentimientos del espectador.
   Y eso tenemos que reconocer, que Poblador lo logra en base a un dibujo mas presentido que visible-como tiene que ser- a la riqueza del color en el que alterna la degradación más sutil y evanescente en sus cielos, con los fuertes contrastes  en las masas, de ocres rojizos, marrones y verdes hábilmente quebrados con el rojo y, en  general, todos los colores del espectro, armonizados en el cuadro con maestría  poética y musical, pues, al fin y al cabo , en la pintura artística, la poesía y la música siempre están presentes.
  Su temática principal es el paisaje rural, urbano y marino, generalmente imaginado. Pero a veces nos sorprende incluyendo la figura en el mismo, o bien retratando a algún personaje anónimo de atractivo pictórico por su rostro o su vestimenta, y por ello comprobamos  su  buena base como copista, que como ya dije, le viene de sus años mozos. Como también podemos comprobar su afán experimentador, cuando se desmelena y se lanza a jugar con la mancha de color, en pura abstracción figurativa, más de lo uno que de lo otro, y cuyo ejemplo más palmario es el cuadro que presenta en este Salón de Otoño.
    Quizás supongáis, que por formar tándem con Juan Antonio desde hace ya más de tres años, en el núcleo duro de la actual Directiva de la Asociación, sea yo quien más conoce su personalidad humana y sicológica. No voy a decir que no la conozca algo, pero no tanto como sería normal y es que, Juan Antonio, no es amigo de las confidencias personales, o no lo es para mí, ya que raramente  me ha hecho depositario de sus sentimientos. En eso lo veo un poco hermético y distante, e ignoro el porqué. Pero por retazos  de aquí y de allá, he ido componiendo el cuadro -como Sorolla con sus estudios- y espero lograr el parecido.
   Juan Antonio es una persona de esas de las que se dice “que tiene los pies en el suelo”. No es un soñador de ideales irrealizables. El pisa firme en el mundo real  y de ese mundo, saca una mundología, que le ha servido para situarse en la vida y alcanzar posiciones económicas y de influencia. Se mueve como pez en el agua en las relaciones comerciales y se las trabaja para lograr beneficios para sí (normal) y, lo que es más importante, para la Asociación y por ende, para nosotros los asociados. El “engrasa” con  sutil diplomacia, amplia sonrisa y algo mas, las bisagras de la puertas oficiales y comerciales, para que se abran para la Asociación y doy fe, como Secretario, que es el conseguidor mas habilidoso que he visto en mi vida.
   Como ejecutivo, sabe cuidar y dar carrete a sus colaboradores, buscando  a su criterio a los mejores, sin que le importe que el brillo personal de aquellos le haga sombra y en eso demuestra una inteligencia para la gestión, que si algunos de nuestros políticos la tuvieran, podríamos calificarlos de estadistas. El consigue lo que pretende y no le importa el relumbrón mediático de sus colaboradores. ¡Chapeau!.
   Alguien pensara ahora, que Juan Antonio  no tiene esas cualidades de desprendimiento material, ensoñación y sensibilidad poética, que se les atribuyen a los artistas. Se engaña, porque Poblador, como su pintura, aúna en su mente la dualidad de ser el malvado  Míster Hay  cuando comercia y el  buen Doctor  Jekill cuando pinta. Es decir, un claro caso de doble personalidad muy útil para moverse en el mundo del Arte y no morirse de hambre.
  Es cortes y caballeroso en su trato con los demás, al estilo del famoso General Espínola, al que Velázquez  inmortalizó en su cuadro de “Las lanzas”. Y  cuando trata con una mujer hermosa –todas lo son para él- despliega todo su encanto demodé y se comporta como el “caballero de fina estampa” del que habla la canción de María Dolores Pradera, que aureolado por su pulcritud y coquetería en el vestir, su pelo plateado y sus modales,  le dan esa estampa del caballero de la canción a la que me refiero. Solo le falta llevar sombrero y sonreír bajo el, para completar su “fina estampa”. Todo se andará.
    Si a veces lo vemos despistado y falto de reflejos, seguramente nos equivocamos: está pensando  en la palabra o en la solución más acertada al problema planteado. Y cuando la encuentra, la defiende con pasión. Porque, a veces, también se muestra apasionado, como artista que lo es y entonces vienen los choques verbales, que a veces nos han enfrentado a él y a mí, y que pasan como una fugaz  tormenta de verano, pues nos queremos y respetamos como amigos y colegas y os pido que vosotros, como asociados también lleguéis a quererlo, porque se lo merece como persona, tanto como Presidente de esta Asociación, a la que con su gestión ha elevado a lo más alto del panorama asociativo de Alicante y de España.
   Muchas gracias y ahora veamos lo que nos dice y nos trae Juan Antonio.
Carlos Bermejo

Alicante 26-11-09