"CENTRO DE ARTE DE LA AAA

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Sede de la Asociación de Artistas Alicantinos

martes, 24 de febrero de 2026

Beatriz Oliva: «La pintura funciona cuando emociona antes de entenderla»



Nuestra socia Beatriz Oliva ha sido protagonista de una grata entrevista en La Hoja del Lunes de Alicante, donde comparte su trayectoria artística y los detalles de su próxima exposición que se realizará en nuestra sala.

La artista cartagenera afincada en Alicante desde 1980 inaugura el próximo 20 de marzo la exposición ‘Realismo salvaje’, un viaje a través del realismo con el objetivo de “emocionar desde la profundidad y el diálogo” y en el que quiere resumir su manera de entender la pintura.

Beatriz Oliva Huerta es una artista nacida en Cartagena, pero afincada en Alicante desde hace muchos años y que desde 2018, tras formarse en la escuela de Arte Remigio Soler, se ha hecho con un hueco en el panorama artístico de la ciudad apostando por un realismo / hiperrealismo contemporáneo que impacta en el espectador no sólo por su técnica sino por su profundidad psicológica. Asimismo, su formación artística se ha enriquecido a través de abundantes cursos que abarcaban diversas técnicas. Ha participado con su obra en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Su trabajo ha sido reconocido en certámenes nacionales e internacionales entre los que destacan más recientemente el XLVI Premio de Gredos de pintura 2025 (Ávila), Premio Museo Cromática de Toledo 2026 o la selección de portadas de grupos de arte como Art Spain 2025. En 2022 realizó el cartel oficial de la Hermandad del Rocío de Alicante, integrándose en su colección institucional. Sus creaciones también forman parte de colecciones particulares en España y Francia.



Tiene la amabilidad de recibirnos en el Casino Mediterráneo de Alicante, donde nos muestra su obra El espejo de Darwin, perteneciente a una exposición colectiva de la Asociación Espejo. Posteriormente nos trasladamos a la sede de la Hoja del Lunes, en la Asociación de Periodistas de la Provincia de Alicante (APPA), donde le pedimos que nos cuente cómo es su forma de vivir el arte y sobre todo nos adelante cómo va a ser su próxima exposición. El próximo 20 de marzo y hasta el 21 de abril inaugura ‘Realismo salvaje’ —Asociación de Artistas Alicantinos, calle Arquitecto Morell 11—, en la cual a través de una treintena de obras quiere resumir “desde la profundidad y el diálogo” cuál ha sido su trayectoria pictórica y vital. Lienzos con muchos retratos de animales, pero también de temática religiosa y humana —algunas de sus obras remiten a un realismo emocional, cercano a la luz de Sorolla, pero conservando su propio estilo—. Oliva es una pintora muy segura de su arte y de la forma en que quiere que sus cuadros interaccionen con el espectador, no se conforma con representar la realidad, sino que pretende tener un impacto real y psicológico a través de un estilo, el realismo, que defiende con la convicción de las muchas horas de trabajo que dedica a cada obra.

Manuel Álvarez: Me gustaría empezar esta entrevista hablando de tu impactante obra, El espejo de Darwin. Dices que nuestras emociones no son exclusivamente humanas, ¿crees que el arte es la herramienta definitiva para recordarnos que seguimos siendo salvajes?

Beatriz Oliva: Nosotros tenemos una personalidad salvaje, está claro, somos humanos y somos racionales, pero sí que es verdad que cuando yo hice la obra El espejo de Darwin: emociones compartidas, lo que quería expresar era la similitud y sobre todo la profundidad. Yo siempre busco la profundidad. La técnica siempre está al servicio de lo emocional. No me interesa el realismo meramente descriptivo. Siempre hago algo que contraste y sí que es verdad que a mí los animales me han gustado siempre. La pintura la he vivido desde pequeña, mi padre era pintor aficionado, aparte de militar, y eso me ha marcado. Lo que trato de expresar es algo que contraste, algo profundo, algo que se haga con tiempo. Me defino como una artista de profundidad. Y eso pues lo enmarco también en las series que tengo de animales. Cuando hago El espejo de Darwin es algo científico, que tiene un contenido y trato de plasmarlo para que el espectador se detenga a verlo, y pare, y si se puede llevar algo a su casa, mejor. El arte no tiene en este sentido fronteras, no me interesa marcar un límite entre lo animal y lo humano. Mi reflexión es que me gusta la vida animal y quiero plasmar la fiereza, digamos con un carácter que corresponde a la vida animal, pero que también es paralelo al humano y lograr un impacto.

Hablando un poco del proceso creativo, en algunos foros el hiperrealismo a menudo se critica por ser solo técnica, pero tú le añades un componente psicológico y surrealista. ¿En qué momento dejas de mirar el modelo animal, por ejemplo, y empiezas a pintar el concepto? ¿Cómo es esa forma del proceso creativo?

Cuando voy a hacer una obra veo mi plan, lo estructuro y digo: voy a hacer lo que yo quiero, el trazo que yo quiero. No una obra descriptiva, sino mostrar la realidad desde mi punto de vista, desde mi vida-mirada. Sé lo que voy a hacer, no improviso. Pero no es una reproducción de una imagen. Lo plasmo, lo voy plasmando porque mi pintura es muy tranquila en el sentido de que tengo que ver los relieves, las formas; la pintura no son solo líneas, la pintura son sombras y luces. Al ser sombras y luces, un pequeño gesto puede cambiar totalmente la expresión. Entonces voy avanzando hasta que me satisface y a mí me satisface cuando le veo el alma. Si no, no la doy por terminada.

Al hilo de eso que dices, cuando pasas tantas horas mirando ese rostro humano o animal para trasladarlo al lienzo ¿qué ves que los demás no vemos?

Yo no sé lo que ven los demás. Yo lo veo de una manera. Lo puedo ver mejor o peor, pero hasta que lo veo como yo quiero, no lo dejo. Porque es el pintor en el proceso de una obra el que se marca su fin. Terminas porque tienes que terminar. Y no sé explicar cuándo es ese momento, a lo mejor hay un “no, no, esto me gusta así” y hago una rayita y me digo ahora ya está. Y simplemente es esa rayita, no nada más. Pero al pintar diferentes cosas vemos un gallo, un simio… en los que ves más allá del realismo. Dar tantas horas te hace ir más allá de lo que pensabas, o realmente tienes la idea y dices, esto es lo que quiero plasmar, pues una sensación o un, por ejemplo, en el caso de los simios, las expresiones de emociones humanas, o en el caso de un gallo, pues esa majestuosidad.

O sea que tienes siempre muy claro lo que quieres transmitir.

Yo tengo la idea clara de que tiene que ser majestuoso o tiene que ser fiero, tiene que ser algo impactante, entonces para llegar a esa claridad yo necesito mi tiempo ¿eh? Y esa profundidad se adquiere mirando y viendo cómo estás haciendo las cosas. La técnica está al servicio de la emoción, hasta que no me emociona no paro hasta cumplir la misión. Una obra se puede terminar con dos trazos, se puede terminar como y cuando tú quieras, pero yo la termino cuando he cumplido el objetivo. A diferencia de otros procesos más intuitivos, parto siempre de una idea clara que guía la obra desde el inicio.

Hablando sobre el impacto del espectador que ve la obra ¿crees que reciben más una lección de ciencia de lo que son los animales o una verdad emocional que a lo mejor ese espectador ha olvidado?

Sí, lo segundo. El impacto emocional siempre. Mira, un cuadro funciona cuando emociona antes de entenderlo. Siempre. Porque si no, no te llevas nada a tu casa. En eso quizás sería diferente de la fotografía, ¿no? El hiperrealismo, por ejemplo, hay mucha gente que lo compara con la fotografía, pero un cuadro no es una foto, que no quiere decir que las fotos no emocionen, pero que el cuadro del artista tiene un paso más de control sobre lo que quiere expresar. El fotógrafo es un artista en cuanto tienes la calidad de hacer unas fotos bien hechas, pero el pintor está construyendo mientras que la foto es de algo ya construido y entonces su valor está en cómo lo enfocas, cómo la haces, la calidad que tiene, ese es su valor. El de un pintor es otro, no tiene nada que ver y sin embargo ambas son arte y te pueden inspirar las mismas cosas, pero hay que entender que son distintas disciplinas.

Yo siempre pongo el ejemplo de cuando hice el águila real, lo colgué en el comedor y tengo un gato. Bueno pues me dije: «Lo tengo que quitar de aquí», porque es que se lo quería comer. Entonces pienso, «Has dado vida». Puede ser que en una fotografía también pase, pero a ti te queda esa satisfacción de que tú has hecho un paisaje, lo has construido tú. Esa es la diferencia, tú estás construyendo.

Y siguiendo con las reacciones del espectador, ¿cuál es la reacción más inesperada o más extraña que has tenido con un espectador, con una obra de gran formato?

Cuando vas a una exposición y hay espectadores que no te conocen, tú te fijas en sus reacciones… Es muy común que exclamen: ay, qué bonito, qué bonito. Pues mira, en una exposición colectiva con la Asociación de Artistas Alicantinos expuse la obra del gallo. Todo el mundo lo miraba “Parece que te habla, tiene mala sombra…”. Son comentarios que te hacen, ¿no? Y es que el gallo está majestuoso diciéndoles: “Yo estoy aquí.» Pues eso es lo que quería yo conseguir. Bueno, pues vi un matrimonio que charlaban entre ellos mientras contemplaban el gallo. El hombre estaba empezando a pintar y se quedó observando los detalles y entonces me presenté como la autora y les dije que si querían hablar conmigo. «Ay, sí, sí.» El hombre me preguntaba sobre técnicas de pintura y como conseguir esa expresión realista, le encantaba el realismo. Y la mujer le dedicó mil piropos al cuadro, esto es imposible, esto es realista, esto es un espejo, esto es increíble dijo, pero remató diciendo “pero nunca lo pondría yo en mi casa”.

A mí me descuadró un poquito, pero al mismo tiempo me reafirmó en mi trabajo, señal de que lo estaba haciendo bien. Le produjo un impacto, aunque doble, ¿no? Cada uno mira el arte como quiere y tiene sus preferencias. El arte no tiene trincheras, el arte es abierto totalmente. Y es muy respetable, a mí me gusta todo el arte. Lo que pasa es que yo soy fiel a lo que hago y sé que esto exige mucho esfuerzo, mucha concentración.

Tú trabajas mucho con la psicología y con la mirada en tus cuadros, nada más que hay que ver la pasión de Cristo o el de la chica negra o el ya mencionado de los simios. En el realismo los ojos son un poco la trampa donde cae el espectador. ¿Cómo decides qué alma le pones a un simio o qué alma le pones a una cebra o qué alma le pones a un Cristo?

Ahí es donde está la intención del impacto. Le pones lo que requiera cada cuadro. En el Cristo, por ejemplo, expresa pena. Es el cuadro el que me habla. Entonces, lo decido conforme a lo que me está dialogando el cuadro, yo dialogo con el cuadro y es el que me habla. Una vez que le voy dando forma, al final en ese diálogo, llegamos a un acuerdo.

Quisiera preguntarte un poco por tus orígenes. Tu naciste en Cartagena, una ciudad trimilenaria, con tanta historia, con tanta luz, y luego te instalaste en Alicante. ¿De qué manera el Mediterráneo y ese entorno te han ayudado o te han marcado?

A mí los sitios de playa me gustan. Yo voy de vez en cuando a Madrid, necesito respirar en Madrid. Entonces, yo para vivir quiero sitios de costa. Yo nací en un puerto de mar, mi padre era militar, estaba destinado en un pueblo de Cartagena (Portmán). Ahí, en las afueras, había una zona alta, en el campo, apartada del pueblo que era un recinto militar, vivíamos en una de las casas y el destacamento estaba abajo al lado del faro y a sus pies estaba la playa, allí viví hasta los 6 años. Yo desde bien pequeñita he estado al lado del agua. Después nos destinaron a Granada, a Madrid, he vivido en Barcelona y luego de vuelta a Cartagena. También pasamos tres años en Huesca… Tengo ahí una variedad muy grande de sitios. La playa es lo primero que vi cuando abrí los ojos y es lo que me gusta, estar en la playa, en el agua. Sí que es verdad que estar en un sitio cómodo siempre te motiva y te incita a hacer lo que a ti te gusta. Yo estoy cómoda al lado de la playa. Y soy, siempre lo he dicho, alicantina nacida en Cartagena, porque yo en Alicante llevo 40 años, he tenido mis hijos, mi marido y he hecho mi vida, me he integrado en las fiestas, en sus tradiciones y costumbres, prácticamente en todo y realmente la conozco ya más que Cartagena. Y, por otra parte, hablando de entornos y de influencias artísticas, yo he visto a mi padre desde bien pequeñita con un lápiz, con una pintura, algo de herencia genética hay, o sea, yo he tenido la herencia en casa. Tú lo asimilas y lo vas plasmando, pero siempre lo haces dándole tu voz. La herencia que se puede adquirir nunca es la misma, siempre tienes una variedad que sale y a mí toda la vida me ha gustado la pintura.

De mi trayectoria vital te puedo contar que, tras mudarme a Alicante, ingresé como funcionaria de la consellería de Educación, hice mis pinitos de pintura, pero no de forma profesional. Formalmente, yo entré en una enseñanza reglada a partir de 2018. Me dije: «Me voy con Remigio Soler«, estuve en su escuela de Arte para poner en orden todo ese arte que ya hacía. Pero siempre conservando mi estilo, mi voz. Yo recuerdo que el primer cuadro que hice, en serio, en 2018, fue una cebra que se podrá ver en la exposición. Esa cebra es el cuadro que más triunfa de todos y resulta que es el primero. A mí me dice Remigio: “Vale, es que tú me comentas que pintas. Pero vamos a empezar por hacer unas flores”. Y le dije: «No, a mí las flores no me motivan, no me gustan». Y me decía «es que eso se empieza así». Y le insisto: «Yo no quiero empezar. Yo quiero algo que me motive». Y en este caso era la cebra. Hago la cebra y me suelta: «Has desbancado a gente que lleva aquí 15 años estudiando». Por eso creo que debe ser la herencia, talento adquirido. Aparte de eso, soy muy perfeccionista.

A partir de 2018 mi dedicación a la pintura creció considerablemente, aceptando encargos de manera profesional, que compaginaba con mi trabajo de jefa de personal en la consellería de Educación. A partir de 2019, además, me presentaba a exposiciones, concursos y certámenes y luego me asocié a la Casa de Andalucía de Alicante, donde desempeñé los cargos de secretaria y vicepresidenta de su Junta Directiva, que tuve que abandonar para dedicar más tiempo a mis cuadros, porque me absorbían muchísimo. Actualmente sigo como socia activa y llevo la dirección de la revista de esta entidad desde el año 2022. Cuando llegué a la Casa de Andalucía, yo diseñaba las cruces de mayo, no solo hacía pintura, también diseñé la portada de la feria de Andalucía… tareas relacionadas con el arte que también tuve que desprenderme. Desde hace unos años ya he podido dedicarme plenamente a la pintura, entrando en colectivos de arte con acto de presencia y activamente. Y ahora pertenezco al grupo de Pintores Solidarios, la Asociación de Artistas Alicantinos y la Asociación Espejo. Lugares como estos en Alicante son muy buenos porque crean comunidad y continuidad. Del mismo modo, la Asociación de Artistas tiene su espacio físico, y se convierte en una referencia.

Para terminar y volviendo a la exposición que se inaugura el próximo día 20 en la Asociación de Artistas Alicantinos. Frente a un mundo artístico que parece que premia lo efímero o lo abstracto, tú has elegido el realismo o hiperrealismo. ¿Es para ti una forma de rebeldía, de honestidad, de ambas cosas o ninguna?

No es rebeldía, es una resistencia para cumplir mi sueño, lo que yo quiero, lo que a mí me gusta. Sí que se puede decir que el abstracto vende más, pero yo soy fiel y leal. En un mundo rápido yo he elegido eso. A veces dicen que el abstracto es una evolución del realismo. Yo creo que no porque no todas las personas que hacen abstractos dominan el realismo. No es descalificar a nadie, a mí el abstracto me encanta, lo hago de vez en cuando, y también exploro varias técnicas y estilos, a veces el fauvismo, tengo una Frida fauvista, o el Pop, pero al final lo que más me satisface es el realismo

Y en esta exposición que vamos a disfrutar en la calle Arquitecto Morel número 11 del 20 de marzo hasta el 21 de abril, ¿qué vamos a encontrar y cómo debe el espectador disfrutarla?

Simplemente que vayan y que lo vean. Quien disfruta del arte suele visitar muchas exposiciones, y ésta no pretende ser una más, sino una experiencia de mirada. Mi pintura está hecha para asimilarse, no es de consumo rápido, es una pintura para detenerse y observar. Que se tomen su tiempo en cada cuadro. El arte es necesario porque nos ayuda a entender la realidad desde otros puntos de vista. Pintar, por ejemplo, es mi forma de dialogar con el mundo. Esta exposición es una invitación a que el espectador forme parte de ese diálogo. Entonces, si esa persona, ese espectador puede llevarse algo a su casa, pues el objetivo está conseguido. Espero que cada cuadro deje algo en quien lo mire.